Para compensar la falta de instrumentación, y siempre que las voces no estaban a cargo de una partitura solista, estos grupos se esmeraban en trenzar adornos de carácter más percusivo y rítmico que armónico, consiguiendo deslizarlos con gran naturalidad como soporte de la melodía principal. Y serán estas ingeniosidades descubiertas y patentadas en el terreno de fondos y coros las que más atención despierten entre el público, las que les den un más perdurable y personal encanto a sus discos.
A pesar de que muchos serán grupos que originariamente habían trabajado sin ningún tipo de acompañamiento musical, una vez embarcados en el proceso de grabación discográfica, se hará imprescindible añadirles algún apoyo sonoro, una mínima banda de estudio, por lo general guitarra, bajo, batería y un eventual saxo cuyo solo central redondeará el trabajo.
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