La primera maqueta de Dire Straits terminará pronto en manos de un afamado locutor local, quien gratamente sorprendido por lo escuchado, propagará aquellas notas entre los oídos más interesados, representantes, productores y escudriñadores discográficos. El éxito resulta tan inmediato, que solo un año después de sus penurias la banda ya ha grabado sus dos primeros trabajos, discos perseguidos y devorados que inmediatamente les convierten en icono imprescindible de un nuevo sonido que todos quieren disfrutar. Al frente del grupo Mark Knopfler, de voz escasa y susurrante, profunda, quemada y arrastrada, quien prefirió concentrar sus dotes musicales en la guitarra eléctrica escuchando a grandes instrumentistas del country y del rockabilly. Un guitarrista que terminará por convertirse en un músico total y perfecto, un convincente comunicador del mundo del rock cuyo sonido inconfundible cautivará a gente como Bob Dylan o Van Morrison, quienes recurrirán a él -Dylan por dos veces- para la grabación de algunos de sus discos.
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