Kate Bush es quizá la voz británica más gélida y frágil surgida en los años setenta. Excelente pianista y apadrinada por David Gilmour, guitarrista de Pink Floyd, pocos serán los que se opongan a su fichaje en la multinacional discográfica A&M Records, donde bastarán dos años de duro aprendizaje artístico para terminar produciendo -en su trabajo debut- su primer número uno en 1978. Desde entonces, ninguno de sus posteriores trabajos será capaz de dejarnos indiferentes; trabajos que abarcan desde el disco en solitario a colaboraciones con artistas consagrados como Peter Gabriel -alma mater de los "primeros" Génesis-, y que terminarán, poco a poco, por proporcionarle el control de cada una de las facetas de su carrera como cantante, compositora, arreglista, coreógrafa, diseñadora o productora...Rara y venerada especie solitaria, alejada de las frivolidades sociales, cuya música intimista y exótica sigue teniendo el encanto agridulce de las más personales fantasías.
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