La banda Styx es una de las pruebas de que no solo de música negra se vive en Chicago. Desde allí se darán a conocer al mundo mediante ramalazos sinfónicos y arranques guitarreros de fácil digestión. 1979 será su año, momento en el que más propensos a las baladas empalagosas que al rock, aterrizarán en el viejo continente. También serán las baladas las que conviertan a Reo Speedwagon en un grupo infalible. Curtidos en cientos de conciertos por cualquier rincón de Illinois, acabarán fichando por Epic Records con un modesto contrato que les permitirá la grabación de diez álbumes cargados de buen rock metálico, sano y teñido de sonidos procedentes del boogie. Aún así serán conscientes de que no pasan de discreta banda con pretensiones, pero solo por un tiempo. Su trabajo de 1980 contendrá tantos números uno como discos de platino conquistados, un alto precio que les llevará de la mano de un excesivo uso de la balada, a convertise en una banda más aburrida y menos dura. Pura comercialidad y casi idéntica biografía que encontraremos también en Foreigner.
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