El Reino Unido no pudo librarse de este rock a medida llamado AOR, y que ellos prefirieron llamar rock adulto, calificativo que aplicado a un artista podía considerarse como un insulto si nos atenemos a ese interés que siempre ha mostrado el rock por tener la llave de la eterna juventud. Sin embargo, aplicarlo a un artista británico de aquellos años setenta no parece descabellado ya que la mayoría de ellos evitarán los clichés adolescentes a la hora de desarrollar sus personalísimos trabajos. Personalísimos hasta el extremo de que cada uno de los grupos o solistas destacados por aquel tiempo en el viejo continente, sonará totalmente distinto al resto. Serán gente a la que si preocupará la maquiavélica manipulación de la industria, individuos que jamás se creerán estrellas y que nunca dejarán que sus carreras invadan sus vidas. Artistas en definitiva que lucharán por ellas y por sus canciones, no por sus carreras aún siendo estas excitantes. De hecho, muchos de ellos como Supertramp o Electric Light Orchestra, quizá las dos bandas británicas más destacadas de este nuevo sonido, se separarán justo cuando más populares y ricas comienzan a ser.
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