Dominador de su propia imagen de chico guapo y al mismo tiempo dominado por idénticas razones, la vida musical de un siempre joven Peter Frampton viene marcada por una presencia física de la que acabará siendo víctima. A finales de los setenta ya tiene su propia banda, donde el mayor interés reside en su tierno y angelical aspecto. Tiene solo diecisiete años, pero este preadolescente ya excita las más bajas pasiones de las jóvenes británicas, motivo por el que el reconocimiento de su labor como compositor y excelente guitarrista que el busca incansablemente no resultará más que una quimera. Con el tiempo terminará por conseguir la reputación suficiente para permitirse el ansiado asalto a la cúpula del rock, ya en solitario. Paso a paso ira cubriendo etapas con varios discos en donde juega con un rock a medio volumen, y con el que decidirá emigrar a Estados Unidos. Lejos está de saber que allí le espera el delirio absoluto con su primer trabajo para el mercado norteamericano en 1976, un doble disco en directo -Come alive!- que todavía sigue siendo recordado por el departamento financiero de A&M Records.
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