California año 1970. Banda de rock duro malvive en la costa oeste hasta que la incorporación de un nuevo integrante, Michael McDonald, obra el milagro. Nacían The Doobie Brothers, la historia de una trayectoria de más de una docena de álbumes y que en sus comienzos despegará a buen ritmo de rock mezclando con fortuna la apariencia sureña de dos guitarras y dos baterías, con la realidad de sus amores por la tradición. Sin tener un estilo personal definido, picotearán del country y del blues, estilos a los que añadirán pretenciosos arreglos de metal. Las voces -en especial de la McDonald- terminarán por sazonar una prometedora combinación a la que poco a poco se le irán añadiendo ingredientes que terminarán por convertirlos en un grupo sin aroma, indefenso e indefendible, pura pólvora mojada que confirmará su desvío hacia un pop excesivamente blando. Dirigidos por un productor que les resta mordiente y no permite desmadres musicales -lo que el rock equivale a aburrimiento-, el grupo desaparecerá en 1983.
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